lunes, 2 de diciembre de 2013

Dama Diciembre



 Escarcha cristalina en mi ventana, nieve fresca en la acera, nubes de vapor se alzan de entre los labios.

De nuevo había llegado a mi vida.

Aún estoy pensando en la última vez que lo recibí, una leve llovizna caló mis huesos y ocultó mis lágrimas cuando tú partiste hacia paradero desconocido de la mano de otra mujer.

No es justo.

El invierno no siempre fue cruel conmigo, recordaba las interminables navidades en casa de Nana, llenas de risas y champán barato. Allí fue donde te vi por primera vez, tambaleante a causa del alcohol, recitando una animada canción sin mucho sentido.

Te ayudé a sentarte y tú empezaste a contarme lo mucho que odiabas Nochebuena, lo mucho que te gustaría que el mundo se olvidase de celebrarla.

Pero entonces yo te dije lo bonita que podía llegar a ser si tenias a alguien con quien compartirla, con quien disfrutarla. Entonces me sonreíste y me diste un trago de tu copa.

12 meses más tarde te marchaste sin decirme nada, ni una despedida, ni si quiera un porqué.

Lloré mucho, no lo niego, pero mis congeladas lágrimas no sirvieron para nada, asi que me levanté y grité con pasión

Yo ya no soy la misma, he aprendido a disfrutar del frio invernal, de los tejados blanquecinos y del humo sin cigarrillo.

Estoy preparada para encontrarme con este mes de blanco y rojo, con una sonrisa y una bufanda nueva, con una esperanza renovada después de un año de transformación.

Hoy quiero que sea diciembre para siempre.

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