domingo, 15 de septiembre de 2013

Ni princesa, ni diosa. No soy perfecta.



No soy una princesa.

No soy la Cenicienta sin zapatito de cristal, ni la Bella Durmiente esperando ese beso que nunca llegara. Tampoco soy Blancanieves, engañada por la manzana, sin esperanza alguna.

No soy una diosa

Ni una Venus, tan radiante y hermosa, ni Atenea la más inteligente de las deidades. Ni la vengativa Calipso, ni una extraña Era.

No soy una niña perfecta.

Mis defectos me definen, soy mortal. Estúpida mortal que espera llegar lejos con una pluma y papel.

Yo misma, inimitable, inigualable, imposible. Esa loca de la colina que aún cree en cuentos chinos y fabulas. Ingenua soy, pero soy feliz.

Ni princesa, ni diosa, ni niña perfecta. Soy yo.


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