viernes, 5 de febrero de 2016

CR21 (1)



Bip.


Bip.


“Iniciando protocolo de encendido”..."Por favor permanezca a la espera hasta que la cápsula se haya descomprimido por completo" 


El susurro de la máquina y la dulce voz femenina me despiertan de un sueño convulso.

Abro los ojos muy despacio, mientras se adaptan a la luz de neón que ilumina la estancia.


Suspiro.


Me espera otro día de trabajo lejos de casa.


El cristal de protección se desliza lentamente mientras una espesa nube de vapor inunda todo. 
Aquí todo es blanco y luminoso, con ese extraño olor a hospital que odiaba  tanto de niña. Las paredes y el suelo irradian una sensación de limpieza impoluta.


Deslizo los pies por encima del borde de la capsula y los bajo hasta tocar las baldosas plastificadas. Me estremezco al notar el contacto frio con la piel.


-Buenos días, Williams J.  Amira. -Exclama una voz hueca a mis espaldas


CR21 permanece de pie, sosteniendo mi Tableta de trabajo entre sus manos.


-Llámame Amy.


Sonrío mientras la veo pestañear sin comprender del todo lo que la he dicho.


A fin de al cabo solo es un androide experimental, aún no conoce la sutileza de la comunicación, pero resulta impresionante ver como imita nuestro comportamiento y nuestros gestos.


 -¿Qué tal te encuentras CR21? ¿Has dormido bien?


Su expresión hierática se torna amable y complacida con mi pregunta.


-Mis células energéticas están totalmente recargadas...-Duda antes de continuar.-Gracias.


-Así me gusta. Los modales son importantes, no lo olvides.


Asiente mecánicamente antes de entregarme la Tableta.


El lector parpadea un par de veces antes de mostrarme una lectura en tres dimensiones del espacio que recorremos. Busco con la mirada un punto fijo en la imagen, pero no logro hallarlo. Aún estamos demasiado lejos del hogar.


CR21 gira la cabeza y me mira fijamente. Su capacidad de comprensión es limitada, pero identifica muy bien las expresiones humanas.


- ¿Algo la aflige Williams J. Amira?


Intento mostrar una sonrisa lo más creíble que puedo y niego con la cabeza.


-No, es solo que estoy deseando llegar a casa. Nada más.


-Mi memoria aún no reconoce todos los sentimientos que poseen los humanos, ¿qué es lo que se siente al echar de menos?


Dudo un momento ante la complejidad de su pregunta. Es extraño que un androide formule cuestiones tan filosóficas.


-Es complicado CR21. Los humanos estamos ligados a un lugar cuando nacemos, y si nos marchamos lejos, sentimos que hemos dejado algo en ese lugar. No sé muy bien cómo explicarlo, para nosotros es innato.


-Comprendo.


Su expresión vuelve a ser nula, sus ojos han perdido la vitalidad de hace un instante.

Avanzo hasta la planta principal donde mi compañera desayuna un sustitutivo proteínico.


-Esta mierda cada vez me sabe peor. Que ganas tengo de comer de verdad.


Sonrío, su forma de ser es tan ácida como nuestro desayuno.


-Has tardado mucho, ¿qué hacías?


-CR21 ha evolucionado mucho desde que llegó. Su curiosidad es cada vez mayor.


Se encoge de hombros y continúa devorando la insípida comida.


-Es normal, su memoria interna fue creada para comprender y asimilar, desde comportamientos hasta las sensaciones, incluso las más complejas. Sus sensores son una obra de arte de ingeniería espacial, con gusto la metería mano un par de horas.


Me atuso el pelo y bajo la cabeza. Helen es la experta en mecánica, yo tan solo soy una bióloga corriente, nunca llego a entender del todo lo que me está diciendo.


-Voy a revisar el mapa, a ver dónde demonios estamos...-Susurra, pero yo estoy concentrada en el batido de proteínas.


CR21 se coloca a mi lado y me observa con curiosidad. Ya conozco esa mirada.


-¿Quieres que te explique algo de tu libro?


La primera cosa que me dijeron sobre el androide era que su cerebro aprendía como el de un niño, cuanta más información, mas rendimiento.


-Si...Por favor.-Asiente y me entrega el ajado libreto de tapas duras.


De niña siempre ojeaba libros en casa, adoraba sentir las hojas y volver a leer una y otra vez, su textura, su olor... Pero pronto se consideró un artículo obsoleto y comencé a verlos desaparecer.


Me alegro de que CR21 haya tenido la oportunidad de tener el producto original.
La vida aquí arriba es muy simple, después del desayuno bajo hasta la cubierta y comienzo a examinar los especímenes encontrados durante el viaje, lo que me mantiene ocupada durante casi cuatro horas.

Agotada de forzar la vista y con los dedos parcialmente entumecidos de las pinzas analíticas regreso a la planta superior. 
La gravedad artificial es estable en gran parte de la nave, lo cual agradezco bastante. El tener que flotar sin rumbo durante todo el viaje habría acabado conmigo.

Al llegar a la puerta me detengo y observo a través de la ventanilla.

La oscuridad lo envuelve todo, como un manto infinito salpicado de estrellas. Bajo la cabina puedo ver un planeta. Es rocoso en su mayoría y no dispone de agua o atmosfera, no creo que albergue vida.

Aunque bajaría a investigar con la nave supletoria, me encuentro demasiado agotada después de tanto tiempo viajando. Para otra ocasión quizás.

De pronto noto un ligero zumbido, acompañado de una vibración.


Algo no va bien...


Entonces un fuerte golpe zarandea la nave, tirándome al suelo. No logro agarrarme a nada y salgo despedida contra la compuerta.


El suelo vuelve a temblar y todo se vuelve del revés. La puerta se abre y yo quedo suspendida a varios metros del suelo. Con dificultad consigo incorporarme y trato de mantener el equilibrio hasta llegar a la ventana, donde me sujeto a la barra de seguridad que la recubre.


Una voz proveniente del techo me sorprende:


-¡Amy, sube aquí a toda leche, tenemos un problema!


Es Helen desde la cabina de control.


¿Qué demonios está ocurriendo?


La nave se endereza parcialmente y corro pasillo adelante, temiendo otra sacudida. La puerta corrediza se abre y ante mí se descubre un extraño espectáculo de chispas y cables pelados.


-¿Helen?- Pregunto, pero no hay respuesta.


De golpe una cabeza aparece tras un manojo de cables.


-¿Donde coño estabas? Tenemos un buen embrollo entre manos.


- Ya lo veo...


Tiene una pinta horrible. Esta cubierta de aceite y trozos de cable pegados al pelo. También tiene rasguños en los brazos y una contusión en la sien.


Se da cuenta de que lo he visto y le resta importancia asistiendo con los hombros.


-Gajes del oficio.


- ¿Que ha pasado?


Me señala el enorme planeta que tenemos delante, al que hace apenas unos minutos admiraba desde el pasillo.


-ESO es lo que pasa. El localizador se ha vuelto loco y nos ha desviado del rumbo y ahora la gravedad de ese mastodonte amenaza con hacer que nos estrellemos.


Horrorizada veo como la nave se aproxima cada vez más deprisa al planeta.


-¿Qué hacemos?


Helen se sienta en el sillón ante el panel de mandos y se lleva las manos a la sien.


-Hay un sistema de dirección manual en la carcasa exterior, podríamos marcar las coordenadas correctas y tratar de convencer al localizador de su error, corrigiendo el rumbo. –Me alegro durante un instante, pero al ver que ella entierra la cabeza entre los brazos me tenso de nuevo. –Pero a la velocidad actual si tratamos de arreglarlo, lo único que conseguiríamos saliendo fuera sería que saliéramos despedidas como insectos.


Me desespero y empiezo a revolver la maraña de cables que hay a mis pies. Inútil por mi parte, ni siquiera comprendo para que sirven.


-He intentado ponerme en contacto con BASE, pero el comunicador se frió por las turbulencias. Pensé en sacar el módulo de exploración, pero estamos demasiado lejos de cualquier estación para sobrevivir con el oxigeno que hay en su almacenaje.


Una lágrima se desliza por mi mejilla. Sin opciones, sin ayuda.


De nuevo una vibración recorre el casco de la nave. Cada vez estamos más cerca.


Entonces un brusco golpe zarandea todo y perdemos el equilibrio. Pero en esta ocasión escucho unos pasos en el techo. Hay alguien andando fuera.


Nos asomamos al cristal y vemos como una figura avanza lentamente hasta la cola. Sus pasos son lentos y pesados, como si fuera capaz de agarrarse al fuselaje sin dificultad.


-¿Quién narices está fuera?- Grita Helen.


-CR21...-Susurro.


Efectivamente la androide ha logrado llegar hasta el final de la cola y sostiene la tapa de la dirección es sus manos. Se maneja con rapidez, sacando de sus brazos articulados herramientas.


Helen sostiene con fuerza el mando de la nave. Las proximidades del planeta están repletas de pedazos de esteroides y es peligroso que la nave continúe automáticamente.


-No me deja moverla demasiado, pero trataré de mantenerla estable para que CR21 pueda trabajar.


De pronto un enorme trozo de piedra aparece de la nada y amenaza con golpear el casco.


-¡Endereza!-Grito.


Helen da un giro brusco y la nave corrige el rumbo, pero la velocidad aumenta cada vez mas. Los fragmentos de roca chocan contra el casco y comienzan a saltar todas las alarmas, pero mi preocupación principal es CR21. Miro de nuevo y veo como se desploma en el casco.


-¡No!


Pero, y para mi sorpresa se levanta y continua trabajando con cierta dificultad. Al cabo de un minuto Helen sostiene el mando y lo gira por completo, invirtiendo la dirección de la nave.


-La nave es mía. –Acciona todos los pilotos y noto como el motor ruge bajo mis pies. –Saca a CR21 de allí ahora mismo o acabará hecha pedazos.


Asiento y corro hacia el ascensor que lleva a la parte superior del casco, el mismo que usaría CR21 para llegar a la dirección. Me coloco el traje rápidamente y llego al ascensor.


Ato un extremo de la cuerda de seguridad a la barandilla y rezo para no salir despedida. La compuerta se abre y una fuertísima ráfaga me empuja fuera, pero me aferro al extremo de la puerta y me mantengo firme. Conecto el comunicador y llamo frenéticamente a la androide, temiendo que no quede nada de ella.

Un suave silbido me indica que aún permanece entera.


-¿CR21? Contesta, por favor.


-Mis células de energía se encuentran seriamente dañadas, Williams J. Amira. Mi duración en funcionamiento aproximada sin reparación es de 7 minutos y 50 segundos.


-Lo sé, por eso necesito que te acerques al ascensor de acceso lo más deprisa que puedas. Helen está intentando sacar la nave de esta zona antes de que la gravedad del planeta pueda con la nave.


Veo como CR21 se mueve cada vez más despacio hacia mí. Metro a metro. Los pocos segundo que nos separan se hacen interminables.


Finalmente llega a mi altura, pero cuando trato de alcanzarla un pequeño fragmento de roca la golpea y la hace caer.


En unos segundos logro agarrarla y conducirla al interior con dificultad a causa de su peso y el fuerte aire que me golpea hacia fuera, pero al final ambas permanecemos seguras en el interior del ascensor.


-Helen. –Trato de hablar, pero la falta de aire apenas me deja acabar la frase. –Sácanos de aquí.


2 comentarios:

  1. ¡Omg! Me ha encantado. Adoro los viajes espaciles y los androides. Y me ha dejado con la intriga. Pobre CR21 TwT

    Espero la continuación.

    Bye!

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  2. ¡Madre mía que bien escribes! Ya me enganché, la continuación pronto por favor:)
    ¡Un beso y felices lecturas!

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