martes, 29 de diciembre de 2015

Éxtasis

Pulmones cargados de polvo

Escenas de noches de excesos

Recuerdos confusos de veladas abruptas.

Todo me estalla en el cerebro mientras me arrepiento de sobrepasar aquellos  límites establecidos.

Luces de cristal. Parpadean demasiado rápido.

Ya no escucho la música, sólo un sonido amortiguado y un pitido de fondo. Es lo único que me recuerda que una vez fui una mortal con conciencia.

Una nube de humo negro me ciega mientras yo consumo tabúes sociales. El corazón se me acelera, las pupilas se dilatan. Ya sube, ya lo noto.


El reloj de arena vuelve a girar.

Otra noche de promesas rotas y ropa interior desparramada.

La sensación fue deliciosa, pero ahora el sabor es nauseabundo.


Ya dije que todo tiene un punto límite, si lo sobrepasamos empredemos  una bajada a toda velocidad y sin frenos. Una vida tóxica en la que el disfrutar se vuelve una ruleta rusa y no sabemos en que vaso estará la bala.

Miro al infinito sin observar realmente ninguna estrella.

Mi alma está resquebrajada, ya no sabe con que saciar sus ansias, por mucho que pruebo, experimento y consumo, mi cerebro a dejado de aconsejarme debidamente, convirtiéndome en un fiero lobo estepario en busca de presa para saciar la sed de humo y licor que me corroe cada día, cada hora.

No quiero a nadie para arrastrarme fuera de la corriente con rumbo al mar, sólo una mano que pueda ofrecerme más y más.

Apestoso a humo. No al que sale de un colilla si no al resto que se queda detrás, corrompido y pútrido.

Soy la reina de la última frontera de grandes errores.

He destrozado todos los pecados capitales en apenas unas horas. La gula, la envidia... Sólo son un juego de niños comparado con lo puedo llegar a maquinar.

Me he llevado a demasiada gente conmigo. He convertido a santas en súcubos con una sola copa, a hombres de palabra en ladrones con una mirada insinuante .

No me importan las consecuencias, tan solo el placer.

He descarrilado mi vida y ando en busca de una cura para esta enfermedad sin virus, pero terminaré volviendo a los malos hábitos. No tengo remedio.

Mentiría si dijese que no he tenido miedo, pero la bestia es insaciable y a conseguido hacerme andar a ciegas a través del sinuoso camino que llevó como vida.


1 comentario:

  1. Realmente me has sorprendido, Lena, me ha encantado. Un texto francamente interesante que da ganas de más.
    Te animo a seguir escribiendo guapa, ¡un besazo!

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