viernes, 4 de septiembre de 2015

Fragilidad





Abrió los ojos de forma repentina, ante un contacto húmedo en los pies. Una suave brisa le mecía el cabello, y hacía que se enredara frente a sus ojos. El mar se extendía frente a ella, infinito hacia el horizonte. Sobre su cabeza, oscuras nubes amenazan tormenta. Se encontraba sobre rocas de una costa desconocida, desconcertada y entumecida por el frío.

Trató de calentarse las manos, pero al tratar de moverlas, notó como algo las aprisionaba y tiraba de ellas. Al bajar la vista, no vio fuertes amarres o duras cadenas, si no hilos. Suaves e delicados hilos que se extendían tras ella.

Siguió con la mirada aquellos hilos, hasta que se encontró un hombre sentado en una silla de madera.
Ataviado con un rico traje y corbata, permanecía con la cabeza baja, parcialmente tapada por un pequeño sombrero. En los dedos del caballeros se entrelazaban los hilos que inmovilizaban sus manos. Estos, salían de las mangas de la oscura chaqueta.

Al intentar llamar su atención, ella notó quebrar su voz. Era una sensación tremendamente desagradable, como si las paredes de su garganta se hubieran secado y quebrado como las hojas secas.

El caballero levantó la vista y dejó ver tras el sombrero unos ojos, amarillos y aviesos. Ella se estremeció; se sentía pequeña y desprotegida ante los grandes ojos de aquel caballero.

Ya no soportaba aquella situación. Ese extraño individuo la ponía tremendamente nerviosa. Pero al intentar deshacerse de sus inocentes ligaduras, el caballero tiró de uno de los hilos y ella gritó de dolor. 

El fino hilo de había convertido en uno brillante y transparente, como las cuerdas de un instrumento. Horrorizada observó como todo su cuerpo estaba rodeado de esos hilos, que se abrían paso a través de su piel como si fueran sus propias venas.

Al tratar de suplicar que parase aquella situación, volvió a flaquearle la voz. Lo intentó una y otra vez pero lo único que conseguía emitir era un susurro lastimero.

Con otro movimiento del caballero sentado, ella gritó de nuevo al notar como uno de los hilos tiraba de su pierna y la obligaba a moverse de forma brusca y artificial.

Una y otra vez, el caballero movió sus manos para tirar de sus ataduras, mientras ella gritaba y gritaba. Lentamente los movimientos de su cuerpo se fueron sincronizando con los hilos y comenzó a girar con gracia, como si se tratara de un macabro ballet de marionetas.

-Baila. Baila, mi pequeña muñeca. –Exclamó por fin el caballero. 

Su voz era grave y gutural, como la de los monstruos en los cuentos. Ella se encogió tratando de contener las lágrimas. Rezó en silencio para que solo fuera un sueño, un mal sueño. Desgraciadamente aquella pesadilla era real, llevada a cabo de un extraño maníaco titiritero que no la permitiría parar.

Los minutos se sucedían y los giros comenzaron a ser cada vez más veloces, los saltos más altos y arriesgados. Estaba agotada y al borde de la extenuación, pero el caballero continuaba moviendo los finos hilos de sus extremidades.

Ella ya no gritaba, ya no sentía ningún dolor. Solo era capaz de escuchar el sonido de las olas rompiendo contra las rocas, mojando sus pies. De repente oyó un fuerte crujido y cayó al suelo. Entre sollozos contempló cómo sus piernas sangraban abundantemente y el agua del mar se teñía de rojo escarlata. 
 
Cada vez la costaba más respirar, pero el caballero no cesaba en su empeño y seguía moviendo sus brazos, tratando de hacer que se levantase, pese a tener las piernas rotas.

Lentamente ella se sumió en un estado de sopor, producido por el dolor que la atenazaba, hasta que poco a poco a su alrededor el mundo comenzó a perder consistencia y color. Todo se oscureció de pronto y ella cerró los ojos por última vez.

El cuerpo de la joven finalmente se desplomó en las rocas con un ruido sordo, sin vida. 

El caballero se levantó y sacudió sus mangas, a las que regresaron obedientes las ataduras. Sin mirar si quiera a la muchacha que yacía a la orilla del mar, recogió su silla y desapareció sin dejar nada más que un fino hilo plateado tras de sí.

Estaba empezando a llover...
 





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