lunes, 24 de febrero de 2014

Os informo + Concurso Las Fantasías de Ichirin

Hoola Compaseros

Os informo de que el concurso de relatos va viento en popa a toda vela (I Love Espronceda...)

Actualmente tengo a 17 personillas apuntadas y dispuestas a enviarme sus relatos (que ganaaas, no se si me quedarán uñas hasta marzo...)

 

La verdad es que estoy encantada, no esperaba tanta participación y sobrepasar el número mínimo fue una sorpresa, menos mal, si no tendrían que cancelarlo...

Por otra parte vengo a anunciar algo de una de mis mejores comentaristas, la fantástica Ichiriiin
Tiene entre manos un sorteo de libros, todos ellos jugosos y muy interesantes (así de rápido les he echado el ojo jejeje)

Aquí os dejo el banner con la dirección

http://ichirina.blogspot.com.es/2014/02/sorteo-6-meses-en-la-blogosfera.html#comment-form

viernes, 21 de febrero de 2014

Tormenta de Sangre, Capítulo 6




Hoola Compaseros

Voolvemos con mas zombies, en esta ocasión con un capítulo algo mas largo de lo habitual, dividido en dos.

Maika ha logrado llegar a la tienda de antiguedades de una pieza, pero, ¿cuanto podrá aguantar allí?

Las cosas comienzan a complicarse, pero nuestra luchadora no cesará hasta estar a salvo.

Os dejo leer tranquilos

PD: Muchas gracias a todos los que os habeis animado a participar en el concurso de relatos, estoy contentisima e impaciente por empezar a recibir textos.


Advertencia: Puede contener palabras malsonantes y escenas sangrientas.



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Cerré los ojos y respiré hondo. El cansancio comenzaba a apoderarse de mí. Los brazos me palpitaban y las piernas se habían agarrotado.

Observé lo que tenía a mí alrededor: Era una tienda de antigüedades, estrecha pero con mucho fondo, los muebles y curiosidades se extendían, encima de mesas talladas o colocadas estratégicamente para llamar al cliente.

En otras circunstancias habría disfrutado recorriendo aquel lugar con mi música a todo volumen.
Volviendo a la realidad me percaté de que el zombie descabezado comenzaba a emitir un olor bastante insoportable. Tenía que deshacerme de él.

Era una jugada arriesgada, pero si lo conseguía podría mantener ocupados durante un rato a los bichos de fuera mientras yo atrancaba la entrada lo máximo posible.

Retuve la respiración un par de segundos y agarré el cadáver de los hombros. No era ligero desde luego, pero tras varios empujones logré acercarlo a la puerta.

Las manos habían cesado su golpeteo, pero continuaba percibiendo siluetas tras el cristal. Debía ser rápida.

Abrí de golpe. Una docena de cabezas se giraron hacía mi, hambrientas. Con la poca energía que me quedaba logré lanzarlo un par de metros alejado de la puerta. 


A diferencia de lo que creía, los zombies se lanzaron hacia el cadáver. Al parecer una vez que morían no les importaba mucho si fuera zombie o no, la carne era carne. 

Cerré justo a tiempo, uno de ellos no había picado el anzuelo y le interesaba comerme a mí.
Se abalanzó contra ella, golpeando la madera y el cristal. Al cabo de unos minutos perdió el interés y se alejó con su lento caminar.
Una suerte para mí, el ventanal comenzaba a agrietarse a causa de la perseverancia de los zombies, no aguantaría mucho tiempo. Al girarme vi como algo relucía en el suelo, eran unas llaves.

Encendí la luz en el interruptor que había tras de mí y las agarré.

El logotipo de la tienda me indicó que se trataban de las llaves del dueño, al que acababa de descabezar y lanzar como sobras a aquellos seres.

Probé con una de ellas en la puerta, cerró a la primera. Al menos con el cerrojo echado aguantaría unos cuantos golpes más.

Pero ¿y la otra?

Recorrí la pared, buscando lo que abrirían. Armarios, baúles y cajitas, la llave no abría nada. Finalmente localicé un último lugar donde podría encajar. 

Se trataba de una ranura al lado de la puerta, justo con la forma de la llave. La giré y un débil sonido de motor comenzó a sonar. La llave accionaba la red anti ladrones de la tienda. 

Ya más tranquila me senté en un sillón orejero de aspecto victoriano, más cómodo de lo que pensaba. Mordisqueé el pan que había cogido en casa y me bebí entero el zumo de frutas del bosque que comenzaba a abollarse en la pared de la mochila.

Caí rendida, los millones de pensamientos que me revoloteaban en la cabeza de fueron desvaneciendo lentamente. El cansancio me invadió por completo a los pocos minutos. Necesitaba dormir.


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Me desperté de golpe, alertada por un ruido en la tienda. Cerré los ojos con fuerza, intentando despejarme rápidamente. 

El poco tiempo de descanso que había conseguido tener había estado empañado por fuertes pesadillas en las que yo terminaba devorada, con las tripas esparcidas por el suelo y con los zombies riéndose de a mi costa, bailando a mi alrededor y gritando “Ya no eres nada”.


 Tras reflexionar durante unos instantes sobre aquél extraño sueño que parecía sacado de la macabra mente del creador de la Novia Cadáver, me quité rápidamente aquella idea de la cabeza, ellos no hablan, ni si quiera en las pesadillas deberían hacerlo.

Me levanté del sillón, agarré de nuevo mi bate y ande guiada por el extraño ruido que me había despertado. Parecía un sollozo, pero sonaba débil, como si se ahogara mientras intentaba gritar. Inspeccione a conciencia todos los rincones, pero no encontré ni vivos ni muertos. De pronto el sonido se repitió a mis pies, sobresaltándome. La cabeza del zombie lanzaba dentelladas al aire.

-¡Coño!-Grité mientras la lanzaba lejos con una patada.

Las cabezas por si solas no pueden moverse y mucho menos intentar morderme, me repetía una y otra vez. Pero a causa de los sucesos que me habían ocurrido a lo largo del día, me resigné y me comencé a hacer a la idea de que aquel cráneo seguiría dándome la lata hasta que la rematara.



Miré el bate e imaginé lo que me costaría atravesarla, con lo cual me decidí por los cuchillos.
Palpé el cinturón, pero ninguno de ellos estaba. Fue entonces cuando me di cuenta de que los había dejado atravesados en el pecho de un zombie en mi frenética huida en la calle comercial.
Resoplé con indignación y comencé a rebuscar en todos los estantes de la tienda buscando algo que me sirviera para atravesar a esa cabeza chillona tan pesada.

Entonces la ví.

Estaba apollada en una repisa, enfundada y resplandeciente, ni una sola mota de polvo. Una katana japonesa. Alargé la mano y la sostuve un par de segundos. Era muy ligera. La desenvaine con calma y contemplé mi reflejo en el filo.

Ya tenia otro juguetito con el que zurrar a los zombies.



Volví a donde había aterrizado la cabeza. Estaba bocabajo, refunfuñado algo. La volteé y con un certeró movimiento atravesé el craneo, que inmediatemente enmudeció.

Despues de haber descansado tan poco, mi cuerpo me pedia a gritos otro par de horas de descanso y la idea de dormir de nuevo en aquel sillón orejero tan comodo se tornaba mas que apetecible. Pero antes tenía que desacerme de la cabeza; al igual que el cuerpo comenzaría a oler tarde o temprano.

La puerta estaba cerrada y la red echada, con lo cual descarte la puerta principal. Al lado de un enorme armario color borgoña se escondía una puertecita, tras ella unas escaleras...


jueves, 20 de febrero de 2014

Encuentros en la Riviera



 -Excusez-moi, je regarde la table Monsieur Courtois.
                      (Disculpe, busco la mesa del señor Courtois)

-Bien entendu, il s'agit de la table en arrière de la fenêtre. Suivez-moi.
                      (Por supuesto, es la mesa del fondo, junto a la ventana. Sígame).

La camarera me guía a través del entramado de mesas y sillas que conforman el restaurante del hotel. Es un lugar muy elegante. Sin duda hay que tener la cartera a rebosar para comer aquí...
 

Eso fue en lo primero que pensé al venir a Mónaco, en el lujo de esta ciudad, en la elegancia que rebosan las calles, las casas, incluso la gente parece más refinada.

Me siento en la mesa que me indica la señorita y me acerca la carta de vinos.

-Voulez-vous choisir une carte des vins?
      (¿Desea escoger algún vino de la carta?)


-Non, merci. Seule l'eau.
     (No, gracias. Solo agua)

Seguidamente desaparece de nuevo entre los comensales del resto de las mesas. Alcanzo la carta y la examino con cuidado. Mi francés aún es muy elemental, pero he logrado defenderme estos últimos días.

Me acomodo en la reconfortante silla acolchada mientras observo lo que hay tras la ventana. El hotel está junto al mar, separado únicamente por un entramado de piedra. Es hermoso ver como las olas golpean contra ellas.


Al cabo de unos minutos la camarera vuelve a mi mesa, esta vez con un papel entre las manos.

-Un message de  monsieur Courtois.
     (Un mensaje del señor Courtois)

 -Merci
  (Gracias)

Desdoblo la nota con cuidado, está escrita a mano, con letra grande y redonda.


Me temo que tendremos que comer en otro momento, me ha surgido un contratiempo. La llamaré el lunes para concretar la siguiente fecha y poder hablar de la colección de verano.


Courtois

Suspiro al ver que voy a tener que pagar yo la cuenta. El señor Courtois es un gran empresario del sector textil que me llamó hace unos meses para que me trasladara a Mónaco a trabajar con él. Ni si quiera dudé, casi de inmediato aparecí en el aeropuerto con la maleta hasta arriba y una sonrisa gigantesca.

Miró el reloj de soslayo. 

Las dos menos diez.

Comienzo a recoger mis cosas cuando un camarero se presenta frente a mí con una copa de champán.

-Le monsieur à la cravate rouge, a demandé si accepterait un verre de champagne avec lui.
         (El caballero de la corbata roja, pregunta si aceptaría tomar una copa de champán con él)

-Merci...

Asiento con la cabeza y observo al hombre que me ofrece la copa. Está sentado dos mesas mas allá, de corbata y traje. Es un hombre joven, de pelo cobrizo y sonrisa resplandeciente.

Justo en el momento en que le observo él se levanta y camina hacia mi mesa.

-Sa première visite à Monaco?
       (¿Su primera visita a Mónaco?)

-Oui, je suis arrivé il ya quelques jours
           (Sí, llegué hace unos días)

Me sonrojo al ver que se acerca cada vez más, es terriblemente guapo.

-Pues no habla nada mal el francés. Un poco descuidado tal vez, pero me gusta como suena.

Alzo una ceja un bebo un sorbo de la copa que me ofrece. Las burbujas no tardan en subírseme a la cabeza.
Empezamos a hablar y me cuenta su historia, un profesor de español enamorado del francés que después de ser rechazado en la Sorbona llega de rebote a Mónaco por mediación de un colega, donde lleva más de un año trabajando en la IUM (Universidad Internacional de Mónaco). 

Siento curiosidad por este hombre, intelectual y atractivo, todo en uno.

Después de contarle mis anécdotas y la fallida comida con mi jefe, se ofrece a ser mi guía turística por la ciudad. 

Soy una chica impulsiva, no puedo decirle que no.

Me guía a través de las empedradas calles de esta hermosa ciudad, sus fachadas, sus monumentos... Todo resulta increíble cuando él me cuento cada detalle sobre ellos.

Aquí todo el mundo sonríe al vernos. La vida parece tranquila, pese a ser un lugar tan grande. Me deleito con cada un imagen de este lugar, no quiero marcharme jamás.

Nos paramos en una fuente a hablar, mientras nuestro reflejo se proyecta en la gran estructura que hay en el centro. 

Suspiro.

Hacemos buena pareja.



-Tengo un último sitio que enseñarte.

Empieza a atardecer, todo está mucho más tranquilo ahora. Poco a poco ascendemos a través de una escalinata de piedras hasta lo más alto de un mirador.

Puedo verlo todo, el mar, los edificios, las luces. Todo está en perfecta armonía.

Sonrío y le guiño un ojo. Ha de bajarse el telón...

-Como me alegro de que eligieras esta ciudad para vivir.- Me acerco a él, insinuante.

El me abraza con fuerza y ambos nos fundimos en un beso.

-Yo también. Me gusta cómo suena eso de juntos en Mónaco.

Sin duda siempre nos gustó este tipo de juegos para darle vida a nuestros encuentros...


Por Lena J. Underworld, escritora y blog novela. Club literario "Vidas de Tinta y Papel".


lunes, 17 de febrero de 2014

Maaas Sorteos

Hoola Compaseroos
 
Este mes ha vuelto a darme por los sorteos de libros jeje
En esta ocasión se trata de uno anunciado por La Estación de las Letras (Me encanta su diseño, es la mar de elegante ;D)

Se sortean dos libros que llevo teniendo en mi lista de pendientes desde verano, y esta es la oportunidad perfecta para probar. Ni mas ni menos que la primera y la segunda parte de Amos y Mazmorras de Lena Valenti, firmados por la propia autora.

Aquí os dejo la dirección en la imagen.

http://laestaciondelasletrasolvidadas.blogspot.com.es/2014/02/sorteo.html

No olvidéis pasaros por allí para mas detalles.

Sed felicees

viernes, 14 de febrero de 2014

Esas Palabras de mi Rojo Pasión



Love is in the air


everywhere i look around


love is in the air

every sight and every sound...



Detengo el sonido de la alarma lo más deprisa que puedo. No quiero despertarte, todavía no.


Noto tu relajada respiración contra mi espalda ¿Qué estarás soñando?


Me despego de las sabanas muy despacio y apoyo los pies en la alfombra.


14 de febrero...


Hoy todo tiene color de rosas. El aire está cargado de un extraño aroma dulce. El cielo, extrañamente despejado, me deleita con nubes suaves y blancas... Hasta los cordones del mis zapatos parecen saber que hoy es San Valentín. 



Me giro y sonrío al verte enredado entre las mantas. Hoy es nuestro día.


Las zapatillas apenas suenan mientras avanzo hacia el baño. Cierro la puerta tras de mí y comienzo a desvestirme. 


¿Qué debería hacer? ¿Una carta? ¿Una nota? ¿Ambas?


El agua me corre por el pelo mientras mi mente rebosa de ideas, pero ninguna logra convencerme lo suficiente para llevarla a cabo.


Me seco el pelo con la toalla mientras un buscador imaginario recorre mis recuerdos: Nuestra primera cita en la piscina, las tardes bajo los árboles de la plazoleta, la primera vez que recorrimos el pasillo del piso...


Me siento en la tapa del retrete y reflexiono un momento, ¿qué podría gustarte? 


Observo mi reflejo en el espejo empañado. ¿Un mensaje en el vaho, tal vez?


Me levanto y veo como las gotitas comienzan a caer. El mensaje desaparecería demasiado rápido, tiene que ser algo más duradero, algo que los dos hallamos compartido...


Una campanilla resuena en mi mente y rebusco entre el cajón del lavabo.


El pintalabios que me regalaste.


Cuantos beso había dejado grabados en tus labios con aquél rojo pasión.


"LOVE IS IN THE AIR"


Perfecto.


Entonces oigo algo tras de mí.


Estas levantado y con la melena revuelta sonríes al verme escribir en el espejo.


-Feliz día de San Valentín.-Susurras aún adormilado.


Dibujo y pequeño corazón en tu mejilla y después lo beso con pasión.
  

-Feliz San Valentín.


Por Lena J. Underworld, escritora y blog novela. Club literario "Vidas de Tinta y Papel".


miércoles, 12 de febrero de 2014

Sherlock Fan Fiction Capítulo 5



 
 Hoola Compaseros

Continuamos con este Fan Fiction, justo donde lo dejamos. Despues de saber quién es Leah en realidad, el caso parece ir tomando forma poco a poco.

Tambien os recuerdo que aún estais a tiempo de apuntaros al concurso de relatos del blog, que durará hasta es 8 de marzo. Estoy emocionadisima, muchas gracias a todos los participantes, porque el concurso es desde ahora oficial, ¡ya ha pasado de los 10 participanteees!

Espero que os guste lo que leais.
Los personajes como Holmes, Watson o Lestrad no son mios, pertenecen a Arthur Conan Doyle o, en este caso a la adaptación de la BBC inglesa de 2010 pero el resto, son de mi propia inventiva.




Watson se sorprendió ante la afirmación de Sherlock, pero ni Thais ni Leah parecían afectadas.

-Leah es la hija ilegitima de Harold Bennett. Ella es el motivo por el cual él regresa cada año.
 
La habitación se había sumido en un extraño silencio. Sherlock permanecía con las manos 
entrelazadas, mirando fijamente a Thais. Las miradas de ambos se fundieron en una.

Finalmente Thais desvió los ojos hacia su compañera, que bajó la cabeza ante la evidencia.

-¿Leah es hija del ministro?-Watson se recostó como pudo en la estrecha silla de plástico.

-Me temo que si.-Thais aspiró lentamente el humo y lo dejó salir poco a poco, embadurnando la habitación. -Ha sido muy listo señor Holmes.

-Es mi trabajo.

Sherlock intentó ocultar su ego, pero resultaba demasiado palpable. Thais conocía a ese tipo de individuos, si les aplaudías las gracias se sentirían como en casa.

-"Camaradas, proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes."

-Jim Morrison, The Doors. Un clásico.

Thais frunció el ceño, asombrada.

-No pensé que lo adivinaría...-La muchacha se levantó y se acercó al detective.- ¿Qué es lo que quiere de ella?

Leah se encogió por un momento, pero Sherlock la tranquilizó desechando la idea de Thais rápidamente.

-Lo que nos interesa es esto.-Watson sacó de su bolsillo las notas cifradas.-Han intentado asesinar al ministro. Sus hijas nos visitaron esta mañana en busca de ayuda, el asesino metió animales venenosos en su cama.

Thais agarró los papeles y sacó un bolígrafo de su chaqueta

-¿Lo consiguieron?-Sherlock negó con la cabeza.- Que pena...

Thais comenzó a tachar las letras sobrantes de la nota, sacando en claro la frase original.

-No se han esforzado mucho. Hasta un niño hubiera podido averiguarlo.

Sherlock reprimió una risita al observar como John comenzaba a enrojecerse. Eso le había dolido.

-¿Alguna pista de quién pudo ser el culpable?-Exclamó Watson

Thais negó con la cabeza y miró a su compañera. Sabían algo.

-Ella es la única que pudo hacerlo, tenía acceso...

A Leah se le inundaron los ojos de lágrimas.

-No fue ella, no pudo hacerlo...

Thais se acercó a la joven y la abrazó con fuerza. Se giró hacia Holmes y le indicó que saliera de la habitación con un suave movimiento. Ambos salieron sin hacer ruido y esperaron sentados en la barra.
 
Un par de minutos después Thais salió del despacho cubierta de lágrimas y con la mirada perdida. Se echó hacia atrás el pelo y bajó la cabeza. Su rostro estaba ensombrecido, derrotado. La joven sarcástica y fugaz que habían presenciado hacía unos minutos volvía convertida en una hermana mayor con demasiadas cargas a la espalda.

-Usted gana, pásense mañana por aquí, les contare lo que quieran.

-¿La verdad esta vez?

Thais levantó la mirada y fijó sus ojos negros en los de Sherlock.

-Toda la verdad.-Ella se volvió de nuevo hacia la barra, posiblemente en busca de otra 
cerveza.-Ahora márchense, Leah ya ha sufrido bastante por hoy.

Ambos asintieron y se encaminaron hacia la puerta, pero Holmes se detuvo y se volvió hacia Tahis con la púa en la mano.

-Eso es un regalo. No lo pierda.

El viaje de vuelta fue silencioso. Holmes parecía molesto. Su mente había abandonado el cuerpo y ahora vagaba libremente por las calles de la ciudad, buscando respuestas.

De nuevo en el piso Sherlock se lanzó al sofá, las ideas comenzaban a aglutinarse en su cerebro de forma masiva, pero no conseguía sacar nada en claro. Watson colocó los brazos en jarra, no había logrado animarle lo suficiente. Holmes volvía a parecer un pequeño koala, ataviado con su bata azul y agarrando con saña el cojín.

-No te vas a mover, ¿verdad?

Holmes retorció todavía más el cojín. Su respuesta saltaba a la vista. Derrotado, el doctor se dirigió escaleras arriba, hacia su cuarto.


Al oír sonar el último escalón, Holmes se volvió, quedándose bocarriba.
 

La conversación con Thais y Leah no le había servido de mucho. Aquellas muchachas guardaban muy bien sus secretos, incluso para una mente como la suya.

En su cerebro las palabras se movían con rapidez. ¿Quién era aquella mujer de la que hablaban? ¿Por qué ocultar algo así? ¿Quiénes eran realmente?

Poco a poco las frases se empezaron a desvanecerse, Morfeo le empezaba a derrotar en su batalla contra el sueño. Solo era capaz de ver aquella frase. La canción todavía resonaba en su cerebro.

 "Entonces gritaste, las paredes del infierno lo oyeron

Te oigo, te oímos"