lunes, 21 de abril de 2014

Tormenta de Sangre, Capítulo 7


Hoola Compaseros

Hoy estoy la mar de contenta por haber logrado recuperar la mayoria de los archivos del pincho, entre ellos, Tormenta de Sangre (Sherlock sigue en reparación...).

La cosa se empieza a complicar,  pero la esperanza a visitado a nuestra Maika y puede que no esté tan sola como ella cree, pero tendrá que luchar para llegar al helicoptero...

El capítulo es introductorio para las últimas partes, asi que es cortito, pero espero que os guste.








 
Lucia se incorpora de nuevo y mira a Maika con detenimiento. La muchacha permanece sentada con los codos apoyados y la mirada perdida en el techo.

-¿Como te sentiste cuando viste el helicoptero?
 
Maika baja de las nubes y levanta las cejas. Lucia se da cuenta de que no la ha oido y repite la pregunta.

-Te preguntaba como te sentiste cuando viste el helicoptero. Tuvo que ser una sensación muy gratificante.

Maika niega con la cabeza.

-La verdad es que no.-Toma una calada y cierra los puños.-Lo único que deseas sentir en esos momentos es la fuerza suficiente para poder gritar y te escuchen. Pero ese no fue mi caso.
Lucia se sienta y se estira hacia Maika.

-¿Como lograste llegar al helicoptero?

Maika coje su encendedor del bolsillo, lo abre y lo enciende. La pequeña llama ulula lentamente con un extraño color rojizo.

-Con esto.

Lucia frunce el ceño y retrocede unos centimetros.

-¿En serio?-Se encoje de hombros y saca un cigarrillo de la caja .-Enciende y sigue contando.

Maika sonrie ante la ocurrencia de su compañera y se lo enciende.

-No te extrañes tanto. El fuego y esos bichos no congenian.

Lucia aspira lentamente el humo y lo suelta en pequeñas bocanadas. Esta lista para el resto de la historia.



La luz se había alejado. Mi esperanza, mi salvación, ¿donde había ido?

Los pulmones me dolian de tanto gritar. Recuperé poco a poco la repiración, sin dejar de mirar el espacio. Se había ido.

Mi cerebro me hizo arrancar un grito de furia de lo mas hondo de mi cuerpo. ¿Acaso debía perecer en aquel infierno? ¿Debia esperar paciente a que los putos zombies me comieran?

No.

Lucharia, me ganaria mi salvación, aunque tuviera que cortar cabezas para lograrlo.

Recogí el cigarro del suelo y me lo llevé de nuevo a la boca. La suciedad me importaba poco, en aquella situación una infección bucal era la menor de mis preocupaciones.

Entonces lo sentí.

Una calida sensación en lo mas profundo de mi cerebro. 

Un plan, una salida, mi salida.

Lancé lejos el pitillo, agarre mi mochila y regresé corriendo a mi guarida. 

Todo arderia.

Es posible que la locura y la desesperación tuvieran algo que ver con mi brillante plan, pero no me importaba lo mas mínimo si con ello lograba reducir a tripas calcinadas a unos cuantos bichos.

Bajé a toda velocidad hasta la tienda y rebusqué en mi mochila hasta encontrar mi pequeño tesoro. La guardaba para uno de esos momentos de desesperación, cuando todas las puertas se me cerraran y no me quedara otra que emborracharme para ahogar las penas. Una botella de ginebra.

Destapé de golpe y bebí un trago. Estaba lista.

Agarré de mala manera todos los muebles de madera que podia mover, mesas, sillas, taburetes, cajones, cómodas. En mi cerebro se reproducía un extraño mapa, si los colocaba estratégicamente ellos no podrian moverse con facilidad. En una de las estanterías encontré barniz antiguo, de esos que tienen la etiqueta de infamable. Dibujé en mi cara una sonrisa de oreja a oreja y me dediqué a rociar todo lo que pude hasta que agoté la botella. 

Tras casi dos horas de movimiento, examiné mi obra. Había recolocado la tienda de forma extraña, las mesas permanecían en las esquinas con sillas y cajones encima, repletos de objetos pequeños.

Entonces suspiré.

Debía ser rápida.

Saqué las llaves de la verja de mi bolsillo y empecé a saltar por el mobiliario para llegar a la puerta. Accioné la cerradura y oí de nuevo el rugir de zombies con intención de comerme.

Abrí la puerta de golpe y observé como sus ojos desorbitados pedían mi carne. Tendrían que ir a por ella. Grité para llamar su atención y ellos se abalanzaron contra mi.

Salté hasta un pequeño refugio tras el primer armario que vi. Asomé la cabeza y eché un vistazo. Una docena habían entrado y se movían con dificultad, golpeándose contra todo. Otros diez permanecían fuera, atentos a cualquier señal de vida.

Era el momento. 

Corrí, salté, esquivé. Hice todo lo posible para llegar a la puerta de la escalera sana y salva.

En esos momentos mi mente estaba enloquecida, pero de pronto todo se calmó, fue como si todo se detuviera frente a mi. Se ralentizó, todo iba mucho mas despacio.

Saqué el encendedor, le di un beso y prendí la mesa. 

Ardió de golpe y el fuego se extendió con rapidez por toda la tienda.

-Arded cabrones, arded.-Grité.

Era el momento.

Lancé lo mas lejos que pude la botella y me resguardé tras la puerta. La fuerza del impacto hizo retumbar las paredes de la tienda, pero lo había logrado, mi plan seguía adelante.

Subí por las escaleras hasta la azotea y me senté en el borde esperando la siguiente reacción, no tardo demasiado, en seguida comencé a ver zombies churruscados incendiando a sus compañeros.

Me armé de valor y me levanté. No había gritos, ni si quiera gruñidos.

Ardían, pero a ellos ya nada les importaba en absoluto.


1 comentario:

  1. Volvi volvi volviii ^^

    Ahhhhh tengo que ponerme al día con la pobre Maika, que me quede por cuando esta en la tienda T_T Voy a mirarmelos y luego me leo este jaja ^^ Miss youuuu ^^

    Un besico guapi ^^
    PD: pásate por mi blog, tienes a surprise ^^

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