viernes, 21 de febrero de 2014

Tormenta de Sangre, Capítulo 6




Hoola Compaseros

Voolvemos con mas zombies, en esta ocasión con un capítulo algo mas largo de lo habitual, dividido en dos.

Maika ha logrado llegar a la tienda de antiguedades de una pieza, pero, ¿cuanto podrá aguantar allí?

Las cosas comienzan a complicarse, pero nuestra luchadora no cesará hasta estar a salvo.

Os dejo leer tranquilos

PD: Muchas gracias a todos los que os habeis animado a participar en el concurso de relatos, estoy contentisima e impaciente por empezar a recibir textos.


Advertencia: Puede contener palabras malsonantes y escenas sangrientas.



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Cerré los ojos y respiré hondo. El cansancio comenzaba a apoderarse de mí. Los brazos me palpitaban y las piernas se habían agarrotado.

Observé lo que tenía a mí alrededor: Era una tienda de antigüedades, estrecha pero con mucho fondo, los muebles y curiosidades se extendían, encima de mesas talladas o colocadas estratégicamente para llamar al cliente.

En otras circunstancias habría disfrutado recorriendo aquel lugar con mi música a todo volumen.
Volviendo a la realidad me percaté de que el zombie descabezado comenzaba a emitir un olor bastante insoportable. Tenía que deshacerme de él.

Era una jugada arriesgada, pero si lo conseguía podría mantener ocupados durante un rato a los bichos de fuera mientras yo atrancaba la entrada lo máximo posible.

Retuve la respiración un par de segundos y agarré el cadáver de los hombros. No era ligero desde luego, pero tras varios empujones logré acercarlo a la puerta.

Las manos habían cesado su golpeteo, pero continuaba percibiendo siluetas tras el cristal. Debía ser rápida.

Abrí de golpe. Una docena de cabezas se giraron hacía mi, hambrientas. Con la poca energía que me quedaba logré lanzarlo un par de metros alejado de la puerta. 


A diferencia de lo que creía, los zombies se lanzaron hacia el cadáver. Al parecer una vez que morían no les importaba mucho si fuera zombie o no, la carne era carne. 

Cerré justo a tiempo, uno de ellos no había picado el anzuelo y le interesaba comerme a mí.
Se abalanzó contra ella, golpeando la madera y el cristal. Al cabo de unos minutos perdió el interés y se alejó con su lento caminar.
Una suerte para mí, el ventanal comenzaba a agrietarse a causa de la perseverancia de los zombies, no aguantaría mucho tiempo. Al girarme vi como algo relucía en el suelo, eran unas llaves.

Encendí la luz en el interruptor que había tras de mí y las agarré.

El logotipo de la tienda me indicó que se trataban de las llaves del dueño, al que acababa de descabezar y lanzar como sobras a aquellos seres.

Probé con una de ellas en la puerta, cerró a la primera. Al menos con el cerrojo echado aguantaría unos cuantos golpes más.

Pero ¿y la otra?

Recorrí la pared, buscando lo que abrirían. Armarios, baúles y cajitas, la llave no abría nada. Finalmente localicé un último lugar donde podría encajar. 

Se trataba de una ranura al lado de la puerta, justo con la forma de la llave. La giré y un débil sonido de motor comenzó a sonar. La llave accionaba la red anti ladrones de la tienda. 

Ya más tranquila me senté en un sillón orejero de aspecto victoriano, más cómodo de lo que pensaba. Mordisqueé el pan que había cogido en casa y me bebí entero el zumo de frutas del bosque que comenzaba a abollarse en la pared de la mochila.

Caí rendida, los millones de pensamientos que me revoloteaban en la cabeza de fueron desvaneciendo lentamente. El cansancio me invadió por completo a los pocos minutos. Necesitaba dormir.


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Me desperté de golpe, alertada por un ruido en la tienda. Cerré los ojos con fuerza, intentando despejarme rápidamente. 

El poco tiempo de descanso que había conseguido tener había estado empañado por fuertes pesadillas en las que yo terminaba devorada, con las tripas esparcidas por el suelo y con los zombies riéndose de a mi costa, bailando a mi alrededor y gritando “Ya no eres nada”.


 Tras reflexionar durante unos instantes sobre aquél extraño sueño que parecía sacado de la macabra mente del creador de la Novia Cadáver, me quité rápidamente aquella idea de la cabeza, ellos no hablan, ni si quiera en las pesadillas deberían hacerlo.

Me levanté del sillón, agarré de nuevo mi bate y ande guiada por el extraño ruido que me había despertado. Parecía un sollozo, pero sonaba débil, como si se ahogara mientras intentaba gritar. Inspeccione a conciencia todos los rincones, pero no encontré ni vivos ni muertos. De pronto el sonido se repitió a mis pies, sobresaltándome. La cabeza del zombie lanzaba dentelladas al aire.

-¡Coño!-Grité mientras la lanzaba lejos con una patada.

Las cabezas por si solas no pueden moverse y mucho menos intentar morderme, me repetía una y otra vez. Pero a causa de los sucesos que me habían ocurrido a lo largo del día, me resigné y me comencé a hacer a la idea de que aquel cráneo seguiría dándome la lata hasta que la rematara.



Miré el bate e imaginé lo que me costaría atravesarla, con lo cual me decidí por los cuchillos.
Palpé el cinturón, pero ninguno de ellos estaba. Fue entonces cuando me di cuenta de que los había dejado atravesados en el pecho de un zombie en mi frenética huida en la calle comercial.
Resoplé con indignación y comencé a rebuscar en todos los estantes de la tienda buscando algo que me sirviera para atravesar a esa cabeza chillona tan pesada.

Entonces la ví.

Estaba apollada en una repisa, enfundada y resplandeciente, ni una sola mota de polvo. Una katana japonesa. Alargé la mano y la sostuve un par de segundos. Era muy ligera. La desenvaine con calma y contemplé mi reflejo en el filo.

Ya tenia otro juguetito con el que zurrar a los zombies.



Volví a donde había aterrizado la cabeza. Estaba bocabajo, refunfuñado algo. La volteé y con un certeró movimiento atravesé el craneo, que inmediatemente enmudeció.

Despues de haber descansado tan poco, mi cuerpo me pedia a gritos otro par de horas de descanso y la idea de dormir de nuevo en aquel sillón orejero tan comodo se tornaba mas que apetecible. Pero antes tenía que desacerme de la cabeza; al igual que el cuerpo comenzaría a oler tarde o temprano.

La puerta estaba cerrada y la red echada, con lo cual descarte la puerta principal. Al lado de un enorme armario color borgoña se escondía una puertecita, tras ella unas escaleras...


4 comentarios:

  1. Ais cuando he visto zombis e dado saltitos! Pobre muchacha si es que ni dormir la dejan! Unaa catanaaa!!
    Pero pero no nos dejes así, yo quiero saber que hay bajando las escalerasss!! ^^ Espero el siguiente con impaciencia. Como siempre, genial Lena ^^

    Un besito bonica ^^

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    Respuestas
    1. Jeje tendrás que esperar al siguiente ;D
      Pero encontrará algo que la hará cambiar de idea con respecto a su situación, ahi te lo dejo...
      Un besoteee Ichirin
      Lena

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  2. ¿Por qué acaba así? Aisss no puedo con la tensión... ¿Cómo puede dormir la pobre? Yo no podría.
    ¡Qué miedo! En serio...

    P.D: he tenido que releerme los últimos capítulos jajaja. No tengo remedio.

    ¡Un besazo Lena!

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    Respuestas
    1. Tranquila que dentro de unos dias tendras la respuesta jejeje
      Ya sabes que de aqui no se va a mover, puedes leerlo cuando quieras Princesita ;D
      Un besazoo
      Lena

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