sábado, 21 de diciembre de 2013

Tormenta de Sangre, Capítulo 4


Hoola Compaseros

Hoy es 21 de Diciembre y aquí os traigo el cuarto capítulo de Tormenta de Sangre (Esta vez a tiempo jeje).

Retomemos un poco...

Maika se las vio y se las deseó para lograr llegar viva al piso después de que una horda de zombies intentara comérsela.

Pero esta chica es dura de roer y enseñará a esos bichos de que pasta está hecha. Aunque no sera nada fácil lograr salir de allí... Os dejo con la curiosidad.

Espero que os guste, no os olvidéis de comentar :D

Advertencia: Puede contener palabras malsonantes y escenas sangrientas

“El matar al primer zombie es como montar en bicicleta, en cuanto lo coges el tranquillo no lo olvidas en la vida. Era tan simple como atravesarles o reventarles el cráneo, de lo contrario el bicho se levantaría de nuevo dispuesto a comerte.

Me aparté del cadáver y fui hasta la cocina. El aire se había cargado, el olor a muerto invadía toda la casa. 

Abrí la ventana y respiré ¿Qué había pasado? ¿Un virus? ¿Mutaciones? ¿Una broma de mal gusto?

Ni lo sabía, ni me interesaba, lo único que tenía en mente era sobrevivir todo el tiempo posible hasta encontrar a alguien más.

Giré la cabeza e inspeccioné la pared de la cocina, había un juego de cuchillos. Sin pensármelo dos veces agarré los más grandes y me los coloqué como pude en el cinturón.
Recorrí la casa en busca de provisiones, siempre atenta por si alguno de esos cabrones intentaba atacarme.

Al parecer tan solo había entrado la vecina. Pensé en atravesar el cráneo de Javi, pero en el estado que se encontraba me pareció completamente innecesario.

Vacié la mochila y metí lo imprescindible: Agua, comida, una linterna, pilas, una manta, cerillas en cantidad, medicinas, vendas... Lo típico.

Una vez provista pensé en llevarme algunos lujos, como las cajetillas de tabaco que escondía bajo el colchón y mi Mp3.

Los cuchillos comenzaban a molestarme en el cinturón, tendría que encontrar algo mas fuerte o los pantalones se me caerían y la idea de correr delante de un montón de zombies con los pantalones en las rodillas o en ropa interior no era algo que me agradase.

Entonces vi algo que me llamó la atención, lo había visto siempre en el paragüero desde que llegué al piso, varios meses atrás, pero nunca reparé lo suficiente en él: Un bate de beisbol.

Lo examiné a conciencia, pesaba bastante, pero me gustaba el tacto y la madera era buena. Reventaría más de una cabeza con él, de eso estaba segura.

Estaba lista para lo que se me viniera encima, asi que abrí de golpe la puerta. Una tontería por mi parte.

Un puñado de zombies había oído el ruido de mi pelea y venían a unirse a la fiesta. 

Pensé con frialdad, eran demasiados en un espacio tan pequeño. Me morderían sin que me diera cuenta, asi que opté por cerrarles la puerta en las narices y correr al balcón.

Lancé a la galería colindante la mochila y a continuación me lancé yo. Al parecer el parkour me iba a venir mejor de lo que esperaba. 

Al llegar al balcón retrocedí con brusquedad, una mujer era devorada al otro lado del cristal. El zombie la rasgó el cuello y una mancha de sangre lo tiñó todo.


Aparte la mirada y reprimí la arcada que comenzaba a originarse en mi garganta. Continué descendiendo hasta llegar a la galería del segundo piso, donde me esperaba con los brazos abiertos un zombie con la camisa a rayas.

Se lanzó a por mi brazo, le dí una patada en el estómago, haciéndole perder el equilibro pero volvió a levantarse más deprisa de lo que imaginé. Me golpeó en el pecho sin dejarme reaccionar y caí sobre el duro suelo de la terraza.

Abrió la boca con intención de morderme, su aliento era putrefacto y sus dientes afilados estaban cada vez mas cerca de mi cuello, tenia que quitármelo de encima.

Le golpeé de nuevo en el estomago, con la mala suerte de atravesársele por completo.
Realmente lo de que estuvieran en estado de putrefacción me gustaba cada vez menos. La sangre y las vísceras de aquel bicho me empaparon por completo. 

Finalmente logré alcanzar el cuchillo del cinturón y  le atravesé el ojo. Me lo quité de encima sin esfuerzo y me levanté. 

Sonreí ante lo fácil que era.

Por un segundo me asusté de mi misma, ¿acaso me había convertido en una psicópata que disfrutaba matando? 

Si lo era, en aquel momento dio lo mismo. El mundo ya se había ido al garete, ¿quien iba a replicarme? ¿La policía? ¿La guardia civil? Si lo hubieran hecho habría estado encantada, incluso con unas esposas en las manos.

Finalmente llegué a la calle, estaba muy tranquila. Sin zombies a la vista.

Agradecí el poder caminar un par de metros sin ver a ninguno, el pecho me dolía del corazón acelerado. 

Pensé como podía aguantar sin ser mordida ni devorada el máximo tiempo posible. Necesitaba un refugio, uno permanente, en el que me pudiera defender. 

Una torre, una fortaleza. Me conformaba con que tuviera puerta y un par de paredes en pie.

Avancé hasta el centro sin ningún ataque. Recorrí las calles viendo como los zombies habían masacrado a la población, hombres, mujeres, ancianos, niños... 

Supongo que los que más compasión se merecían eran los niños; sin saber como un malvado monstruo de esos que habían visto en las películas o en los libros se avalanzaba  hacia ellos, su madre pretendía salvarlo, pero le arrancaban el cuello de un mordisco o la cara de un zarpazo. Una horrible escena en la tierna mente de un infante que intenta correr sin éxito, ya es tarde... Adiós pequeño.

Mi mente no paraba de pensar en los cientos de críos que habrían muerto esa mañana, en sus aulas, en sus casas, puede que algunos incluso en sus camas. Ninguno se merecía aquel destino cruel.

La sangre me hervía. Iba a destrozar a todos los bichos que habían cometido atrocidades, iba a sobrevivir, iba a matar zombies.


-Vosotros seréis la peste, pero yo soy el maldito apocalipsis... -Susurré mientras veía como uno de ellos se acercaba a mí.

Aceleré, agarré el bate y me lancé a por su cráneo que en unos segundos se convirtió en  una masa rosa. Abatí a uno, dos, tres. Los cadáveres se amontonaban a mis pies, yo esquivaba sus mordiscos, ellos recibían mis golpes. Era mi guerra.

Exhausta, solté el bate. Media docena habían caído. Seguía en pie, monstruos."




6 comentarios:

  1. Estoy deseando saber como ha comenzado esta historia de los zombies y como Maika se defiende de esos putos monstruos y como sigue la historia...
    Además me encanta como relatas la historia, porque Maika usa el lenguaje de una adolescente de ahora, por lo que se hace más ameno y más cercano.
    Estaré esperando el próximo capítulo con ganas.
    Mil besos.

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    1. Eso es lo que mas me gusta de escribir desde un plano mas personal, los sentimientos y el habla de la persona les haces tuyos. Es algo genial, me encanta hacerlo.
      Eres un sol, siempre estás hay apoyandome y dejando comentarios geniales en todo lo que hago, un besazo
      Lena

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  2. Realmente las imágenes son acojonantes, jajajaja.
    Espero que todo te vaya muy bien Lena, yo por ahora sufro un trastorno que ni yo puedo controlar y que espero que pueda hacerlo dentro de poco. Espero que pases una navidad y un feliz año nuevo, guapa.

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    1. Tú tranquila que seguro que todo va bien.
      Igualmente, que cada vez queda menos de 2013, hay que aprovecharlo, un besazo preciosa.
      Lena

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  3. ¡Hola! No nos habíamos pasado por aquí antes pero ya está solucionado ^^ Te ponemos en seguimiento.
    La verdad es que no sé mucho de la historia que cuentas porque llegamos tarde pero el último gif me ha dado miedito jaja
    Espero pasarnos más por aquí ;)
    ¡¡Felices fiestas!!

    Un beso,
    ~El Imperio de las Bellotas~

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    1. Un placer teneros por aqui, llevo un tiempo siguiendo vuestro blog y me alegro mucho de que os hayais pasado.
      La historia no lleva mucho tiempo, asi que es facil de seguir si os animais, un besazo.
      Lena

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