martes, 8 de octubre de 2013

Saldando viejas cuentas


Las calles permanecían en silencio. Ese silencio sepulcral que tanto echaba de menos.

Había vuelto a casa después de un año.


De pronto noté que algo me vibraba en el pantalón. Saqué el teléfono y leí lentamente el mensaje de texto.


-¿APUNTO Y DISPARO?


Me estremecí. Efectivamente allí estaba, escudriñándome desde la azotea del edificio de enfrente. La luna, a su espalda, le dibujaba el contorno. Estaba armado y dispuesto a disparar. Caminé un par de metros y me detuve. Agarré el móvil y teclee el número. Tras un par de segundos él descolgó.


-Pensé que la tregua duraría algo más.-Observé lentamente su figura, aún me apuntaba con el rifle.- ¿Quién te envía, los Desdémona?


-Al parecer los dos están muy cabreados contigo Sonia.-Su tono de sarcástico era más que palpable.-Los hermanos te quieren de vuelta.


-¿Y si me niego?-Endurecí mi tono, no estaba dispuesta a acompañarle.


Permaneció un par de segundos en silencio. Lo conocía demasiado bien, era un soldado, como yo.


-¿Tienes miedo?


-Sabes que no.


-Te he echado de menos Sonia, vuelve al clan, por favor. No quiero dispararte.


Sonreí, mi partida llevaba 10 años terminándose, desde que inicié mi andadura por el mundo de los clanes de mercenarios.


No me importaba lo más mínimo si él me disparaba. Sin familia, sin amigos, sin asuntos pendientes. Una bala en la cabeza era, sin duda, una muerte dulce comparado con lo que me harían los hermanos Desdémona.


Miré de nuevo al edificio. Su fantasmagórica figura era misteriosa, lóbrega incluso.


-Me niego a seguir matando a merced de esos locos.


Él suspiró. Los trabajos nunca se elegían, simplemente los acatabas sin rechistar. Matabas, ocultabas las pruebas y te ibas.


-Sonia...


-Dispara. Ten huevos por una vez. -Miré con frialdad a mi compañero.-Si no lo haces me iré, esta vez para siempre.


Esperé unos segundos, seguía inmóvil. No había disparado. Ni una palabra, solo silencio. Había colgado.

De pronto noté de nuevo movimiento en el edificio. Sujetaba con ambas manos el rifle y me observaba por la mirilla.


Respiré profundamente. Estaba preparada para morir. Tantos años de matanzas tendrían que pagarse y mi momento había llegado.


Traté de evitar que una pequeña lágrima empañara mi visión, pero no pude. Lentamente recorrió mi mejilla hasta caer al suelo. Cerré los ojos y esperé a que él decidiera mi destino.


-Los malvados tienen que pagar el castigo.-Susurré.


Tras unos segundos abrí los ojos. Seguía inmóvil. Yo continuaba mirando hacía la azotea. Bajó el arma y lo perdí de vista.


Algo confusa me apoyé en un banco. Noté de nuevo la vibración del móvil. Un mensaje nuevo.


-FIN DE PARTIDA.


No entendí aquellas palabras, pero al ver mi cuerpo intacto, me levanté, me coloqué los auriculares a todo volumen y proseguí andando calle adelante.


Just a dime store poet
Keeping pace, talking his face blue
To dollar store tramps, to get a glance
A new chance at you


Mis pasos los marcaba el fuerte sonido de mi música, sin más distracción que el suave movimiento de mis mechones y los pliegues del abrigo. Mis tacones golpeaban suavemente el arcén, creando una rítmica sintonía.


Tanto tiempo huyendo, ¿merecía acaso el don que me acababa de otorgar?


Hey mister, the bellman says
I can only recall last night's hotel, i said
So he replies: and how do you manage?
I dodge a blast and apologize for collateral damage


La vida volvía a sonreírme, pero era una de esas sonrisas siniestras de dientes largos y labios sangrientos. La mercenaria cambiaria de nombre, de país, de vida. No más muerte.


-Me debes una.-Oí a mis espaldas.


Sonreí.


Me giré despacio. Allí estaba, con ropa de calle y sonriente, una escena que recordaré toda mi vida.


-¿Y eso porque? Él que no ha tenido valor a dispararme ha sido tú. -Le dije mientras le golpeaba con un dedo en el pecho.


Le agarré de los pliegues de la sudadera y le besé. Uno de esos besos apasionados entre mercenarios. Su sabor me hizo vibrar, un año de campaña era demasiado tiempo.


-Dimito.-Le miré con ojillos curiosos, me gustaba esa decisión.-Las muertes son crueles. Prefiero besar a mi chica.


Me pasó el brazo por los hombros y me apretó contra él con delicadeza. Ambos comenzamos a caminar por la avenida, esquivando charcos y tarareando aquella canción que tantas noches nos había acompañado.


In love i've always been a mercenary
But i never leave my post when the cash runs out
I want to make you quiver, make your backbone shiver
Hey kid, take the stage and deliver

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