miércoles, 4 de septiembre de 2013

Venganza

 

Avanzan despacio a través de los caminos de tierra del campo santo.

Todos mantenemos un incomodo silencio, hasta que Olivia rompe a llorar.

-Queridos hermanos, hoy lamentamos la perdida de nuestro compañero y amigo Marcus R. Cox. Todos estamos consternados tras...

El párroco continua hablando, pero yo hace rato que deje de escucharle. Aún puedo oír en mi cabeza las palabras de Andrew cuando me dio la noticia.

"La muerte ha sido inmediata.... Lo siento mucho."

Me muerdo el labio inferior tratando de no gritar. La culpa me corroe las entrañas. La vida no es justa...

Todos abandonan lentamente el cementerio, dejándome sola con una joven de cabello castaño. Es alta y muy delgada, con un pequeño lunar en la mejilla. Tiene los ojos enrojecidos de tanto llorar, pero todavía puedo distinguir sus acuosos ojos verdes. Es la hermana mayor de Marcus, Alice.

La abrazo con cuidado y ella se echa de nuevo a llorar.

-Él no se merecía esto María.

Me mantengo callada, tratando de tranquilizarla. Finalmente me suelta y se seca los ojos con la manga de la chaqueta. Su expresión cambia de pronto y me mira lo más seria posible. Yo rebusco es mis bolsillo y saco la placa de su hermano.

-Creo que esto es tuyo ahora.

Ella sonríe y me cierra la mano con las suyas.

-Él habría querido que tuvieras un bonito recuerdo suyo. Que mejor que lo que más le importaba.

Alicie se da la vuelta y avanza hasta su coche.

Yo me quedo en silencio unos instantes, apretando la placa, sintiéndome culpable. Por mucho que trato de evitarlo, las lágrimas me recorren el rostro. Son lágrimas de ira.

Los días pasan y yo continúo con ese vacío en el estómago. Paso el tiempo gastando balas en una inerte figura de cartón.

Andrew se acerca a mí. Está distinto desde lo ocurrido, pasivo, amable incluso. Pero no me gusta que se compadezcan de mí, así que le ignoro y continúo disparando en la cabeza al objetivo.

-María.-No le contesto, continúo disparando. -¡María!

Me giro de golpe y le miro a los ojos. Olivia está tras de él. Ambos parecen nerviosos, crispados.

-Necesitas calmarte...-Ante mi sorpresa observo como aún tengo la pistola de la mano y apunto a ambos inconscientemente.-Suelta el arma, por favor...

Le empujo y coloco la pistola en la mesa. Ambos me miran, incrédulos y preocupados. No necesito su compasión.

Me paro de golpe en mitad del pasillo y veo como el teniente Freeman me indica que entre en su despacho. Me muerdo la lengua y obedezco con desgana.

-María.-Tiene el mismo tono que Andrew y Olivia. El sermón está asegurado.-Todos sabemos lo complicado que es perder un compañero, pero intentar enterrar los sentimientos no te ayudará.

No contesto, simplemente mantengo una pose neutral. Sus palabras no me ayudan.
El sargento se levanta y me mira, algo no va bien.

-Me temo que tendrás que tomarte unas vacaciones María.

Salto de la silla y abandono el despacho a toda velocidad. Puede que después de lo que haga mis vacaciones sean permanentes, pero no me importa. Quiero respuestas.

Llego al laboratorio con la melena revuelta. Muestro la placa y pido el informe de Marcus al primer empleado que encuentro. Lo examino con detenimiento. La bala atravesó el cráneo y dejó una clara marca, con lo cual el asesino tenía más o menos su misma altura. No hubo marcas de forcejeo ni rasguños de ningún tipo. Un balazo a sangre fría.

La sangre me hierve. Tengo que encontrar a ese hombre y meterle una bala en el cráneo. Quiero venganza.
Recorro los suburbios en busca de mi soplón favorito. Está agazapado en la esquina, ataviado con ese abrigo tan pesado, repleto de golosinas para los yonkis.

-Pensé que habías dejado el negocio Murphy.-Se gira de golpe y me mira con esos ojitos saltones.-No te convendría hacer estas cosas mientras te dure la condicional.
Se gira completamente y se coloca frente a mí. Me recuerda a uno de esos buitres tan feos de los documentales, pelón y cabizbajo.

-¿Qué te trae por mis dominios, preciosa?-Su labia resulta tan decadente como repulsiva. Que ganas tengo de conseguir la información y largarme.-Hacía mucho que no me visitabas.
-¿Que sabes del asesinato del poli?-Le agarro de la mandíbula con fuerza y la levanto unos centímetros.-No se te ocurra decirme que nada, porque tú siempre sabes algo.

Él se resiste, pero finalmente asiente con la cabeza y le suelto.

-Poco se, pero lo suficiente para que haya una pequeña compensación, María.
Pierdo los estribos y le meto el cañón de la pistola en la boca.

-¿Tu miserable vida será una buena recompensa?-Acciono el cargador. A él se le empiezan a saltar las lágrimas, pero parece que acepta mi oferta.

Le sacó de golpe el arma y él respira entrecortadamente.

-Lo único que sé, es que se trata de un narco de las afueras, nada más.-Levanta la cabeza y me mira a los ojos.-Pero si quieres seguir manteniendo esa cara bonita, yo que tu no lo intentaría.

Sus consejos me son indiferentes, así que continúo con mi búsqueda.
La tarde avanza y tras consultar a varios soplones que tengo repartidos por la ciudad, consigo tener una idea clara del asesino. Estoy dispuesta a arriesgarme si con ello consigo vengar a Marcus y ver a ese cabrón entre rejas o en la morgue.

Llego hasta su propiedad y consigo que los guardaespaldas me dejen pasar después de sobornarlos con un fajo de billetes. Pobres, en cuanto intenten usar ese dinero acabaran en una celda al día siguiente.
Avanzo a través del edificio hasta encontrar a mi objetivo. A su izquierda un niño pequeño esta agazapado en la esquina, mirando al suelo. También está rodeado de chicas semidesnudas con billetes entre la ropa. Realmente asqueroso.

-Mis hombres me han dicho que querías hablar conmigo urgentemente.-Se levanta y se me acerca contoneándose, como si tratara de insinuarse.- ¿Que quieres, coca, maría, chocolate, caballo?-Me agarra un mechón de pelo y lo gira entre sus dedos.-No, seguro que quieres algo más...potente.

Le aparto de mí con cuidado y le dedico una falsa sonrisa. Él no parece ofenderse. Irradia felicidad, algo le divierte.

-Como hoy estamos de celebración te dejare lo que quieras a buen precio, hermosura.-Con un gesto indica al niño que se acerque. El pequeño avanza despacio y se coloca a su lado, sin expresión alguna en el rostro. 

-Mi hermanito ha conseguido triunfar y ha subido de categoría en el mundillo familiar. Dile a la señorita que hiciste con ese malvado señor.

El niño saca una pistola de juguete del bolsillo y me apunta. El estomago se me encoge. Es imposible que el niño matara a Marcus.
La rabia aflora y aprieto los puños. Ocultar su crimen culpando al crio. Mi desprecio hacia él aumenta a cada minuto que pasa. Él se da cuenta y se me acerca.

-Relájate, la fiesta aún no ha empezado.-Me pasa la mano por debajo de la sudadera y retrocede.-No es posible...

La tapadera se ha ido al traste, ha notado el chaleco anti-balas. Saco el arma, pero su matón es más rápido y me inmoviliza los brazos, lanzando lejos la pistola.

-Estas muerta.-Parece enfadado, pero no me importa.

Golpeo a mi captor en el estomago y sacó una bomba de gas de la mochila. Me tiro al suelo y espero los refuerzos. Unos segundos después las ventanas se rompen, hice bien en llamar a los chicos de la comisaria. En unos minutos los enemigos han sido abatidos o detenidos. Todo ha acabado, pero me falta una cosa por hacer...

El asesino permanece en el suelo con una bala en el cuello y un charco de sangre a su alrededor. Aún respira.

Me agacho y le agarro de la chaqueta.

-Esto va por Marcus.-Él sonríe, pero al ver que le apunto a la cabeza se resiste.

-¡Fue un accidente! ¡El niño lo hizo!

-Pues a no ser que este niño creciera de la noche a la mañana, no creo que él disparase a nuestro compañero.

Andrew y Olivia han entrado a detener a los matones. Ambos están de acuerdo con mis actos.

Sin mediar palabra, disparo.

Los días pasan y yo he vuelto a mi vida. No más pérdidas de control, no más salidas arriesgadas. El teniente me ha dejado reincorporarme. En el fondo todos sabíamos que hice lo correcto.

Me acerco de nuevo a la tumba de Marcus y le dejo la placa sobre la lápida de mármol.

-Has superado la prueba cadete. Bienvenido al cuerpo.
 


1 comentario:

  1. ¡El final es digno de un llanto!
    ¡increíble! Con los pelos de punta todo el relato.
    Tenéis una nominación en mi blog!
    Pasaros!
    Un saludo, y lo repito... Me ha encantado.
    :)

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