martes, 30 de abril de 2013

Cartas de Trinchera



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A mi queridísima Elisa:
Estoy asustado, realmente asustado.
No solo por lo cerca que he estado de la muerte las últimas semanas, si no porque tengo miedo de no volver a ver tu rostro, tus ojos negros y tu nariz respingona.
Dios mío cuanto añoro nuestro hogar junto al rio, nuestras veladas, pero lo que realmente echo de menos son nuestros besos.
Este lugar me eriza la piel, es como un infierno macabro, que lo único que logra es llevar a la locura a los pocos hombres que sobrevivimos a las bombas o la metralla. Pero realmente lo que me está matando es la maldita incertidumbre, la duda de si seré el siguiente en caer, en que me entierren en una fosa común, sin nombre ni pasado, alejándome para siempre de lo que más amo.
Mis pesadillas se han encrudecido desde la última carta que te mande, hace ya 4 días y creo que estoy empezando a enloquecer, como tantos otros. Esta misma mañana he visto la cara de uno de mis compañeros caídos en el barro, gritaba mi nombre... Al aclararme la vista he comprobado que solo era una alucinación, tan solo era barro, el mismo que nos cubre por completo, el mismo que pisamos cada día en esta maldita trinchera.
El general McMurfy nos regala a todas horas su improvisado discurso de ánimo, pero lo único que logra con ello es recordarnos  que seguimos aquí, lejos de nuestra tierra y sin mas compañía que la de la muerte y las ratas, cientos de ratas que mordisquean nuestras ropas de noche y se llevan gran parte de lo que nos dan de guarnición, y no es mucho.
Te mentiría si te dijese que no he disfrutado al enterarme de que no somos los únicos condenados: A una trinchera alemana han lanzado el nuevo modelo de granada de gas mostaza.
Aquí de momento no ha habido noticias de de bombas de gas, pero yo siempre llevo mi mascara bajo el brazo, “Más vale prevenir que curar Eliot”, eso me decías siempre ¿Recuerdas?
Mi amada Elisa Muller, la florista de la calle Baker, tu recuerdo es lo único que me mantiene cuerdo y evita que me despierte gritando de terror a medianoche. Tu fotografía la cosa más bella en este lúgubre lugar.
Ahora oigo disparos, pero el recuerdo de tu hermosa voz es lo único que escucho, lo único que deseo escuchar, mi amor.
Eternamente tuyo:
Eliot J. Dixon

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