sábado, 3 de diciembre de 2016

Hoy es un día muy especial...


2012 - 2016
Soy de esas personas que apunta cualquier cosa en su calendario, desde los típicos cumpleaños y citas médicas hasta fechas de festivales y convenciones, pero desde hace 4 años exactamente, apunto el 3 de diciembre como algo muy importante, subrayado y bien grande.

Apunto esto, porque hoy hace 4 años que Compases Rotos inició su andadura y empezó a publicar. Lo cierto es que el primer diseño era HORROROSO, con un fondo negro y unos cuantos gadgets desperdigados por la pantalla.

A pesar de eso, este blog nació con un propósito, y lo digo todos los años por estos lares: Crear ilusión, desahogarme con vosotros, enseñaros mis ideas, mis proyectos, los sitios a los que voy... Porque si algo he descubierto con esta plataforma es gente maravillosa que me ha ayudado y apoyado en todo lo que he emprendido.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Visita al Centro Provincial de la Artesanía de Portillo

¡Hola Compaseros!

Este noviembre está siendo un mes especialmente movido para mi; he asistido a la CYLCON, tengo varias presentaciones y algún que otro cumpleaños y entre fines de semana he aprovechado para irme con la familia.

Este fin de semana me fui con mis padres, mi prima y mi tia a visitar el Centro Provincial de la Artesanía de Portillo. Es un centro bastante grande y aunque la sala que hemos visto era recogida, estaba muy bien equipada.

¡Espero que os guste!


martes, 15 de noviembre de 2016

Crónica del CYLCON 2016

¡Hola Compaseros!

Al igual que hice el año pasado (AQUÍ podeis ver la entrada de la edición anterior) este pasado fin de semana asistí al 2º CYLCON que se celebraba en la Feria de Muestras de Valladolid. 
Lo cierto es que han mejorado mucho de un año para otro, trayendo a muchísimos más escritores y a un par de celebridades, pero eso os lo contaré más adelante.

Me propuse asistir a la mayor cantidad de charlas posibles, ya que pintaban realmente bien y no quería perderme nada.

Perdón de antemano por la pésima calidad de las fotos, mi cámara no da para más y la luz del recinto era o excesiva o nula, con lo cual hay ojos rojos, imagenes desenfocadas, zonas iluminadas y sombras extrañas... de todo. He tratado de seleccionar las que "mejor" salieron.

En fin... ¡Espero que os guste!


lunes, 31 de octubre de 2016

El Tajo y el olmo

Armando lleva 40 años manejando el taxi. Es un conductor hábil, que conoce las calles de la cuidad como si fuera su propia casa. Los atascos, los semáforos y a sus ciudadanos, que desfilan día tras día en su ajado coche, que ronronea satisfecho al llevar un nuevo pasajero.

Lo cuida y lava el mismo, con el mismo esmero y entrega como si fuera un tesoro. En el gremio todos le conocen como el Tajo. Él dice que heredó el apodo de su padre, que nació a orillas del río Tajo, a su paso por un pueblecito de Cáceres. Es un hombre educado, de cabellos canos y mirada cálida y atenta. En sus descansos siempre invita a algún café y ama conversar sobre cualquier cosa con sus clientes, ya sea fútbol, economía, política, cine... Suele decir que en su profesión hay que saber un poco de todo.

Pero, hay algo que nadie sabe de Armando, este honrado taxista...

Cada 2 de febrero, cuando las brumas comienzan a bajar y a convertir la ciudad en un reflejo húmedo de si misma, sobre las 8:10 de la mañana, Armando toma una ruta diferente. No importa si a quién lleva es un hombre de negocios, una joven estudiante de Ciencias Sociales o una madre primeriza que va al trabajo demasiado apurada. El dos de febrero tuerce  un poco antes en la avenida que da al estadio y se desvía hasta el polígono industrial que hay al cruzar el río. Los pasajeros, al ver la silueta del puente que hay a las afueras, preguntan que hacía donde se dirige, que no va hacía donde le han pedido.

El Tajo le quita importancia al asunto, diciéndoles que es un atajo evitando la aglomeración y los atascos de la zona centro. Entonces los pasajeros se tranquilizan y se acomodan de nuevo en el asiento trasero. El tono de voz de Armando es de esas que logran que te fíes de él sin pensarlo. Es suave, pero firme, como la voz de los padres cuando dan un buen consejo.

Al pasar el polígono y entrar en la zona de campos que rodea la ciudad, los pasajeros vuelven a sentir que algo no va bien, que el conductor se ha desviado y no sabe hacia donde va. Pero esta vez Armando no responde a sus quejas y hecha el seguro, haciendo que a su pasajero el pelo se le erice y empiece a buscar desesperado el teléfono para pedir ayuda.

En ese instante, Armando suspira, clava los frenos y el pasajero, aturdido por el fuerte frenazo, cae presa de un paño cubierto de cloroformo.

Cuando despiertan a los pocos minutos ven como Armando los arrastra agarrándoles los pies por el suelo terroso de la cuneta, en dirección a unos árboles de ramas desnudas, cuya silueta se distingue entre la bruma. El pasajero trata de zafarse, pero está atado de pies y manos y El Tajo lo arrastra con fuerza y sin detenerse. Tratarán de gritar, pero los han amordazado, e incluso si no hubiera hecho, ¿quien los oiría pedir auxilio en aquel lugar tan alejado? 

Al llegar a los árboles, Armando los apoya contra el tronco de un olmo, casi tan viejo como él, que lo ha visto acercarse junto con su pasajero cada 2 de febrero.

Entonces, sin decir una palabra, dar ninguna explicación o decirles si quiera el porqué de todo aquello, Aramando saca una navaja y, de un solo tajo, dejará una fina línea en la garganta de su pasajero.

Se quedará mirando mientras se desangra y como pierde lentamente el último resquicio de luz en los ojos, que ven desesperados al conductor de taxi que los ha conducido hasta las garras de la muerte bajo la atenta mirada de aquellos olmos.

Lo que viene después es misterioso, algo que su padre compartió con él cuando le mostró la tradición, cuando solo era un niño que no conocía como era el mundo.

Armando coloca dos pequeñas ramas en las manos de las víctimas y enreda el cuerpo con todo lo que encuentra, hojas secas, flores que han sobrevivido al invierno, piedras de color grisáceo que hay junto a las raíces del olmo... Y finalmente, con la pala que guarda en el maletero bajo la caja de herramientas, cava una tumba y clava una de las ramas del olmo, que parte con sumo cuidado, en la parte delantera de la misma.

Se alejará y contemplará como 30 años de trabajo quedan reducidos a la visión de aquellas estacas, perfectamente ordenadas, formando una hilera a lo largo de la cuneta. Armando suspira, recoge la pala y se quita el polvo de las perneras del pantalón.
Aún hay muchos clientes a los que recoger.
 
 

¡Hoy es Halloween!

¡Hola, mis asustadizos Compaseros!


Como ya muchos sabréis, Halloween es una de mis noches preferidas del año y para celebrarla, siempre os traigo un pequeños presente al blog, para poneros a tono y que lo disfrutéis más aún.

Os he traído relatos de demonios, locuras y clásicos del terror, pero hoy me he decidido por un tema mucho más cotidiano que nunca pensaríamos que podría dar miedo o causar temor. No era el que tenía pensado para un principio, pero yo no soy quién para negarle a mi inspiración una idea tan extraña como la de esta historia.

Pero ya me diréis que pensáis entonces cuando leáis el relato de este año.

Os deseo una noche espeluznante y que no os salgan demasiadas caries por los dulces.

¡Sed felices, mis aterrorizados Compaseros!